Tu que revives la
niña
Y cambias a la
mujer
que durante tanto
tiempo
vivió bajo censura
encerrando,
castigando
la piel y los
demonios
que habitan dentro
de los instintos
profundos,
primitivos y
vitales
que hoy piden a
gritos
que se desate la pasión
oculta bajo los anhelos,
los sueños y los
deseos.
Esta piel que hoy
arde
como fuego
abrazador.
Tu cuerpo y el mío
fundidos en el
olvido
de las dudas y los
miedos
siendo autores
del más sublime encuentro
renacen nuevas fantasías
llenas de pasión
Y pretensiones
carnales,
de apetito y
aspiraciones
de caricias y
besos.
Consume, devora y atrae
los más exquisitos
pensamientos
de tus manos, tus
ojos
y tus labios en mi
piel
desbordando sensaciones
murmullos y
promesas
por esta hambre
del encuentro, del
deseo
de la realización absoluta.
Imagino recorrer
con mis labios
cada fibra de tu
cuerpo
con dedos
inquietos,
llenos de juegos
nuevos
y complacientes
caricias
mirando en tus
ojos arder
el fuego del
antojo,
deslizar mi cuerpo
por tu piel
por tu alma,
enseñarte a
detener el tiempo
para
recorrer
lentamente el éxtasis
utilizando y avivando
cada sentido, cada
fibra del cuerpo.
Sin detenerse, sin
mesurar
el ritmo del
desplazamiento,
descubrirlo todo
intensamente
sin censura, sin
recelo…

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