Era una noche hermosa y la llamo María
te gustaría pasar la noche en la playa
y ver el amanecer desplegarse sobre el mar
le pregunto a la niña.
Linda sintió un brinco en su corazón
y acepto encantada, al recorrer el camino
se percató que el también asistiría.
Sintió un remolino en su cuerpo
su mente de nuevo se perdió en recuerdos
el tomo su mano todo el viaje,
lograba sentir su calor, su olor.
Cuando llegaron a la orilla de la playa
el mar estaba en calma,
la luna de plata reflejaba su sombra
sobre las aguas, a lo lejos el río
desembocaba en el mar simulando
dos amantes que huyen cada noche
para entrelazar sus cuerpos.
Recostada en aquel pecho, con el calor de su cuerpo
sentía sus manos acariciar su pelo,
sus besos recorrían su rostro y su cuello
es difícil explicar todo lo que eso
la hacía sentir, se perdía en sus labios
en lo profundo de su mirada, tanta ternura,
tanto amor, recordaba entonces cuantas beses
soñó con esto, soñaba con tenerlo a su lado
sintiéndolo suyo sabiéndose de el
y es que a esta edad se ama con una fuerza
con un estallido de emociones
que desbordan del cuerpo y de la mente
se puede alcanzar el cielo y el infierno
en un instante, Sin importar las consecuencias...
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